lunes, 31 de diciembre de 2012

1 de enero de 1817: Fusilamiento de Juan Francisco Borges




Nació en Santiago del Estero, el 24 de junio de 1766, siendo sus padres Manuel Pedro Borges y María Josefa de Urrejola y Peñaloza.  El joven Borges, estudiante en La Paz, era ayudante mayor de Milicias cuando estalló la “sublevación” de Túpac Amaru, atroz y vengativamente cancelada.  En defensa de la sitiada ciudadela española combatieron padre e hijo, perdiendo la vida don Manuel Pedro.  En su estada en España, donde fue ascendido a Capitán de los Ejércitos de S. M., se le concedió el título de Caballero Cruzado de la Orden de Santiago.

Juan Francisco Borges


Ostentaba el grado de teniente coronel cuando se produjo el movimiento emancipador de mayo de 1810.  Hombre audaz y abnegado, sus conexiones de familia, su empleo en el ejército del Rey, no fueron un impedimento para detener los generosos sentimientos de su ardiente patriotismo y a su actividad y celo se debió la pronta incorporación de su provincia natal a la causa emancipadora.  Ayudado por uno de sus más íntimos amigos, Germán Lugones (padre del coronel Lorenzo Lugones), empezó a reclutar gente, que uniformó y equipó a costa de su peculio, tan pronto tuvo noticias de la preparación de la empresa libertadora confiada al coronel Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, de modo que cuando éste llegó a la jurisdicción de Santiago del Estero, el comandante Borges pudo presentarle 367 hombres perfectamente organizados, que se incorporaron a los expedicionarios con el nombre de “Patricios de Santiago del Estero”, los que se batieron en Suipacha, así como también en Tucumán y Salta.  En los desastres de Vilcapugio y Ayohuma perecieron casi todos los santiagueños, después de haberse batido con denuedo, hecho que aprovecharon los enemigos del general Belgrano para prevenir a Borges contra aquél, especialmente, cuando el Director Pueyrredón le designó nuevamente para mandar el Ejército del Norte, después de su regreso de Europa.

Antiguo Cabildo de Santiago del Estero


Sublevación autonomista en Santiago del Estero

Entre tanto, el Congreso General resuelto trasladar su sede a Buenos Aires en contra de la opinión de los diputados de Santiago del Estero y Tucumán, a la cual el territorio de la primera pertenecía como parte integrante de la segunda.  Estas circunstancias dieron a Borges pretexto suficiente para levantar el estandarte de la revolución federal, apoyado por las milicias locales; derrocó al Teniente Gobernador Gabino Ibáñez en diciembre de 1816 y se colocó en su lugar, negando obediencia al general Belgrano y al gobierno de Tucumán, de quien dependía.  Ibañéz fue detenido y enviado a Loreto.

Belgrano destacó al comandante Lamadrid con un escuadrón de 100 Húsares como vanguardia de las fuerzas destinadas contra Borges, cuyo grueso lo comandó el coronel Juan Bautista Bustos, con 250 hombres y dos piezas de artillería.  Este último, en realidad no llegó a actuar, pues la vanguardia adelantada a las órdenes de Gregorio Aráoz de Lamadrid los dispersó en el combate de Pitambalá, el 27 de diciembre de 1816.  Las fuerzas de Borges contaban con un total de alrededor de 500 hombres.
Borges se retiró en dirección al Salado (río que corre por la frontera Este de Santiago) de donde se proponía pasar a Salta, en busca del apoyo de Martín Miguel de Güemes.  Finalmente, al cabo de tres días, se refugió en la casa de los Taboada en Guaype (actual Departamento Sarmiento), a la sazón parientes suyos, quienes lo entregaron a Lamadrid.

“Los partes de estas ocurrencias – dice el Gral. José M. Paz en sus Memorias Póstumas- se transmitían instantáneamente al general Belgrano, que luego que supo la derrota de los sublevados, expidió un decreto de indulto, con excepción de Borges, Gonsebat y del capitán Lugones, de mi regimiento.  Este se hallaba allí desde antes de la sublevación con un piquete de treinta Dragones, con los que se había unido a Borges, y salido a campaña, y a los que (sin que hasta ahora sepa por qué) despidió desde Loreto, de modo que volvieron y se incorporaron, al cargo de un sargento, a las fuerza que los perseguía.  Todo prueba que los revoltosos se asustaron de su propia obra, luego que la hubieron consumado.

“Cuando a los cuatro o cinco días de la derrota se tuvo noticia de la prisión de Borges, tuve orden de salir con una partida que iba a cargo del capitán don Joaquín Lima, al puesto de Vinal, situado a diez leguas de la ciudad, a recibir al prisionero, tomarle una declaración sobre los últimos hechos y hacerlo seguir hasta la ciudad.  Habíamos contado con hallar a Borges esa noche en Vinal, pero no sucedió así, y luego se tuvo noticia de que por causa de enfermedad se había demorado su marcha.

Fusilamiento de Borges

“A la mañana siguiente continuó en su solicitud, el capitán Lima con la partida, quedándome yo a esperarlo en Vinal, para llenar las formalidades de mi comisión.  En todo ese día ni la noche no apareció, y a la madrugada del tercer día se me presentó el comandante Lamadrid, quien me manifestó la orden que traía de fusilarlo sin más demora que la muy precisa para recibir los auxilios espirituales.  La sentencia emanaba directamente del general Belgrano; había sido remitida a Bustos, y este comisionó a Lamadrid para su ejecución.

“En la pequeña comitiva que había sacado Lamadrid de Santiago venía un religioso dominico, el Padre Ibarzábal, quien debía ofrecer sus servicios al desgraciado Borges; mas como por su edad y poco ejercicio en el caballo, no pudiese acompañar la rápida marcha del comandante, se convino en que se quedase en una chacarilla que tiene el mismo convento, a dos leguas de la ciudad, debiendo Lamadrid traer allí al reo, para que fuese ejecutado después de hacer sus disposiciones cristianas.

“Bien poco agradable me había sido la comisión que se me había conferido, así es que aproveché sin trepidar la ocasión que se me presentaba de eximirme.  Yo había creído que la declaración que se mandaba tomar al prisionero era para que sirviese de precedente a un juicio que, aunque fuese muy breve, llenase en cierto modo las formas; pero, desde que sin esperar éste se había extendido la sentencia y se mandaba ejecutar, ya era inútil todo esclarecimiento de un hecho que estaba juzgado.  Me retiré pues, antes que viniese Borges, y antes de mediodía estuve en Santiago, sin la declaración que había ido a tomar.

“Bustos se conformó con la explicación que le dí, pero el teniente gobernador, teniente coronel don Gabino Ibáñez, que acababa de ser restituido a su empleo, se aferraba en que otras personas del vecindario habían tomado parte en la conspiración, y exigía que, sin embargo de la sentencia, declarase el reo sus cómplices.  Sin embargo de haber sostenido yo la opinión contraria, venció en el ánimo de Bustos el modo de pensar de Ibáñez, y a las once de la noche recibí orden de trasladarme muy temprano, con un secretario, a la chacarilla de los dominicos, donde ya debía estar Borges.  Tuve que conformarme, y serían las seis de la mañana cuando llegué al lugar en que debía ser el suplicio de aquel desgraciado jefe.  El comandante Lamadrid me salió al encuentro para decirme que había llegado esa madrugada con el reo y que inmediatamente se le había puesto en capilla, con dos horas de término, las que iban ya a cumplirse.  Me pareció cruel y hasta bárbaro turbar los últimos momentos de un hombre, en aquella situación, con preguntas que si él satisfacía, comprometían a sus amigos, y si negaba podían conturbar su conciencia.  Por otra parte me constaba que el General en Jefe nada de esto había prevenido, antes por el contrario, dando por concluida la rebelión, había promulgado una amnistía.  Tomé, pues, sobre mi responsabilidad, y esta vez sin remisión,  porque el declarante iba a desaparecer, evitar la declaración, y sin bajarme del caballo, volví las riendas para la ciudad de donde acababa de salir.

“Cuando llegué a la chacra de Santo Domingo  estaba ya designado el lugar del suplicio, a unas cuantas varas del rancho que ocupaba el reo, bajo un frondoso algarrobo, a cuyo tronco estaba atada una mala silla de cuero, que debía de servir de banquillo.  El comandante Lamadrid me dijo que cumplidas ya las dos horas, el reo iba a ser ejecutado.  Cuando me despedí se formaba ya la escolta, y no había andado ni un cuarto de legua, cuando oí la fatal descarga.  Borges murió con entereza y protestando contra la injusticia de su sentencia y la no observancia de las formas, pero con los sentimientos religiosos y cristianos.

“Antes de una hora estuve en Santiago y en casa de Bustos, a quien di cuenta de lo sucedido.  Manifestó por ello la más cumplida indiferencia; no así Ibáñez, quien, a pesar de nuestra relación de amistad, reprobó mi procedimiento, lo que dio lugar a acaloradas disputas.  Mas no fue este el único punto en que discordó, como lo voy a referir.

“El mismo día llegó el parte de haber sido detenidos y presos en Ambargasta, jurisdicción también de Santiago, Gonsebat y Lugones, que muy luego llegarían a la ciudad.  Al primero no lo conocía yo, pero el segundo era oficial de mi regimiento, y había sido antes de mi compañía; había sido también mi particular amigo, aunque en el tiempo precedente se hubiesen resfriado nuestras relaciones, por efecto de esas ideas anárquicas que empezaban a fermentar en su cabeza.

“A más del interés que me inspiraba Lugones, mis principios y mi corazón me hacían desear que no se derramase más sangre.  Creí, pues, que debía hacer algo para detener el golpe terrible que lo amenazaba, cuya gracia naturalmente sería extensiva a los otros exceptuados.  Me llegué al coronel Bustos a rogarle con el mayor encarecimiento, que al dar cuenta de la prisión de Lugones, lo recomendara al General, y me empeñé con los comandantes Lamadrid y Morón para que me secundasen en mi solicitud.  El coronel Bustos me lo prometió, y estoy persuadido de que lo hizo; el hecho fue que Lugones perdió su empleo, quedando destinado a servir como “aventurero” en el ejército, y subsistió así por algún tiempo, quedando al fin, de nuevo, en su clase; siendo ésta la única pena a que se le condenó.  Gonsebat y Montenegro salvaron también sus vidas a costa de algún tiempo en prisión y privación de sus empleos.

“El general Belgrano no debió arrepentirse de la indulgencia con que trató a los últimos, siéndome sensible no poder decir lo mismo de la sentencia (si puede llamarse sentencia un decreto de muerte, sin juicio, sin forma alguna y sin oír al reo) precipitada que hirió a Borges.  ¿Creyó acaso el General que la demora de la ejecución, podía dar motivos a nuevas turbaciones?  No lo sé; pero si así fuese se equivocó completamente, pues la rebelión estaba tan terminada, como el caudillo había sido arrestado por sus mismos paisanos y en el mismo teatro de sus aspiraciones.  De cualquier modo, nunca podía faltar tiempo para que se juzgase sumariamente y se  oyesen sus descargos.  Lo singular es que el General, que tanto predicaba la obediencia y la observancia de las leyes, las violase invocándolas, sin que ninguna autoridad superior le hiciese cargo”.
Borges, en cumplimiento de las órdenes de Belgrano, y sin juicio previo ni defensa, fue fusilado el 1º de enero de 1817. 

Manuel Belgrano


Su esposa era Catalina de Medina y Montalvo, con la que tuvo un hijo: Juan Francisco Segundo Borges, que años más tarde llegaría a ser gobernador de su provincia.

Juan Francisco Borges hoy es reivindicado en su provincia natal como uno de los precursores del federalismo nacional.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Paz, José María – Memorias póstumas – Tomo I – Campañas de la Independencia.
Tagliotti, Guillermo José – Semblanza santiagueña.

· Acontecimientos del 31 de diciembre




406 vándalos, suevos y alanos cruzan el Rin, empezando la invasión de Galia. 


1730 en Japón se registra un terremoto que deja un saldo de 200.000 muertos. 


1812 “Batalla del Cerrito” en Montevideo, triunfo de las tropas criollas independentistas al mando del Coronel José Rondeau sobre las realistas.


1839  El Congreso peruano dispone que el pueblo de Santo Tomás sea la capital de Chumbivilcas y se denomine villa. Otorga igual título a Velille.


1857 en Canadá, la ciudad de Ottawa se convierte en la capital. 


1897 Se inaugura en Lima, la Casa de Correos y Telégrafos, que era considerada la más moderna y bella de Sudamérica.


1924 en São Paulo (Brasil) se inaugura la Carrera de San Silvestre, que se celebra anualmente hasta la actualidad. 


1929 en la India, el Congreso Nacional, inspirado por Gandhi, se declara a favor de la completa independencia de la India.


1958 finaliza el Año Geofísico Internacional.


1986 en el hotel Dupont Plaza, en San Juan (Puerto Rico), un incendio deliberado mata a 97 personas.


1991 se disuelve la Unión Soviética.


1999 EE. UU. entrega la administración del Canal de Panamá a la República de Panamá.


2001 en los 12 primeros países de la zona euro salen de circulación las antiguas monedas nacionales. 


·  Nacimientos del 31 de diciembre


1617 nace Bartolomé Esteban Murillo, pintor español. 


1860 nace Ovidio Rebaudi, escritor, químico, investigador y científico paraguayo. 


1869 nace Henri Matisse, pintor francés. 


1878 nace Horacio Quiroga, cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo-argentino 


1908 nace Simon Wiesenthal, jefe del Centro Judío de Documentación de Viena, ex prisionero en un campo de concentración. 


1937 nace Anthony Hopkins, actorazo británico!!!!


1941 nace Sir Alex Ferguson, entrenador británico de fútbol, del Manchester United


1942 nace Andy Summers, violero británico de The Police  



1943 nace Ben Kingsley, actor británico. Lo viste haciendo de Gandhi, x el que le dieron un Oscar

1947 nace Rita Lee, cantante brasileña 
 

1948 nace Donna Summer, cantante estadounidense. 


1966 nace Ricardo Espinosa, guitarrista punk y cantante argentino de Flema 

 


1972 nace Joe McIntyre, cantante estadounidense de New Kids on the Block  


1979 nace Bob Bryar, baterista estadounidense de My Chemical Romance  




·  Defunciones del 31 de diciembre


1839 fallece Genaro Berón de Astrada, militar y político argentino, opositor al régimen de Juan Manuel de Rosas. Murió al frente de las tropas correntinas en la batalla de Pago Largo.


1841 Muere Pascual Echagüe, doctor en Teología, militar y político argentino. Representante de su provincia en la firma del Pacto Federal de 1831. Activo miembro del sector Federal en las guerras civiles argentinas. Fue 2 veces Gob de Sta Fe y una Gob. de Entre Ríos.


1856 muere Eduardo Brown, marino argentino, hijo del Alte. Brown, de valiente actuación en la Guerra civil en el bando federal y en la lucha contra la intervención anglo francesa en el Río de la Plata.


1886 Muere Mariano Felipe Paz Soldán, historiador y geógrafo, creador del primer mapa general del Perú y autor del Diccionario Geográfico y Estadístico del Perú.


1902 fallece Cándido López, Pintor, fotógrafo, daguerrotipista y militar argentino. Participó en la Guerra de la Triple Infamia, donde es herido y pierde parte de un brazo, razón por la cual pinta con el restante. 


1936 fallece Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español. 


1968 fallece Trygve Lie, primer secretario general de la ONU. 
 

1985 fallece Ricky Nelson, cantante y actor estadounidense.  



1986 fallece Carolina Álvarez Prado, pintora argentina, bisnieta del Cnel Don Manuel Álvarez Prado Héroe Gaucho de la Quebrada de Humahuaca en la lucha por la Independencia


2004 fallece Raúl Matas, periodista y conductor de televisión chileno. Su carrera de 64 años se desarrolló en Chile, EE UU, España y Argentina. Uno de los personajes más importantes en la historia de las comunicaciones en Chile


2005 fallece Luis Mitre, oligarca argentino, hermano del director de La Nazión y tataranieto del presidente Mitre 


2008 muere Julio Nieto Bernal, periodista y conductor  radial colombiano, una de las 'leyendas' de la radio en ese país


2009 fallece Alfonso Cano Isaza, periodista colombiano, ex gerente y ex copropietario de “El Espectador”


31 de diciembre de 1856: Muere Eduardo Brown

Nació en Buenos Aires en 1817, siendo hijo del almirante Guillermo Brown y de Elyza Chitty.  Al Almirante se le encargó organizar una fuerza corsaria “al Mar del Sur”.  Esta se integró con las naves “Hércules”, “Santísima Trinidad”, “Halcón” y “Constitución”, al mando de los capitanes Miguel Brown, Walter D. Chitty, Hipólito Bouchard y Oliverio Russell respectivamente.  Sin embargo, antes de que zarpara, el Director Supremo ordenó a Brown permanecer en Buenos Aires, en su cargo en la Comandancia General de Marina y resignar el mando de la expedición.

Eduardo Brown


Muy distinta fue la apreciación del irlandés respecto a lo que era más importante para los intereses de la Nación y al igual que San Martín en su oportunidad, desobedeció la contraorden y zarpó con la “Hércules” y la “Santísima Trinidad” el 15 de octubre de 1815.  Ante la ausencia del Almirante y acosada por el gobierno del Directorio, Elyza trató de subsistir dignamente y requirió, al agotársele los medios, el pasaporte para viajar a Inglaterra, lo que le fue negado.

Buscó el amparo del comodoro británico en el Plata y nocturna y ocultamente embarcó a bordo del HMS “Anphion” y pasó de allí a un mercante inglés que la llevó -junto con sus cuatro hijos- a Londres.  Brown se reunió con su familia en Londres el 15 de junio de 1817.

Al ser innecesaria su presencia en Inglaterra, regresó Brown a Buenos Aires, donde arribó el 23 de octubre de 1818.  Detenido de inmediato y preso en el Cuartel de Aguerridos situado en las proximidades de Retiro, fue puesto ante una corte marcial por insubordinación y el fiscal, teniente coronel de Marina Matías de Aldao pidió la pena de muerte, conforme a los reglamentos.

No alcanzó la defensa del coronel Don Mariano Benito Rolón y el tribunal militar falló en su contra, condenándolo a la última pena.  El asesor y Auditor General del Estado, Dr. Juan José Paso, aconsejó no se diera el “cúmplase” a la sentencia, por “no ser un cargo depurado y líquido el de la acusación y en atención a los servicios prestados a la Patria por el acusado”.
Accedió el Director Supremo, general José Rondeau, y sin expedirse sobre la inocencia o no de Brown, resolvió por decreto del 17 de setiembre de 1819 sobreseer la causa, aplicando “Cédula de retiro absoluto del servicio en favor del coronel de Ejército Don Guillermo Brown, con sólo goce de fuero y uniforme”.

Almirante Guillermo Brown


Brown quedó en libertad de inmediato, sin haberes, embargada su única propiedad en Buenos Aires: la casa quinta de Barracas.

El 7 de diciembre de 1822 regresaron a Buenos Aires Eliza Chitty y sus cuatro hijos (Elisa, Guillermo, Martina y Eduardo), en el bergantín Hutton al mando de Miguel Brown, hermano del almirante.  Con la reunión familiar comenzó otra etapa en la vida de la familia Brown

Sin lugar a dudas estos hechos marcaron la niñez de Eduardo Brown.  Pero aún habría otro suceso que quedaría por siempre grabado en su memoria: en 1830 parte con su madre y su hermana Martina a Londres, naufragando el barco que los transportaba.  Afortunadamente pudieron llegar sanos y salvos a la costa brasileña.

Con vocación por el mar actuó durante la época de Juan Manuel de Rosas.  En 1840, al hacer la paz con los franceses, el coronel Antonio Toll y Bernadet propuso al gobierno, que Brown fuese nombrado teniente de marina, acordándosele el grado con el mando del bergantín-goleta de guerra “Vigilante”.  En 1841, revistaba como comandante del bergantín “Republicano”, y el 16 de diciembre se encontró en la captura de la barca “Cagancha” frente al Banco Inglés.

Su padre lo propuso al gobierno en 1842, para reemplazar en el mando de la goleta “9 de Julio” al sargento mayor Guillermo Bathurst.  Poco después, cumpliendo órdenes del Almirante interceptó un sloop que había salido de Montevideo llevando armas para Colonia, pero temiendo por su suerte Brown zarpó en su buque insignia y la encontró efectuando una buena vigilancia.

Sostuvo el combate de Costa Brava, y en 1843, tuvo lugar el incidente contra el buque de guerra francés “Arethuse” en la que dos lanchas riveristas fueron perseguidas por la “9 de Julio”.  Una de ellas se vio obligada a refugiarse en una caleta al costado de la “Arethuse”, mientras el Almirante hizo abordar la ballenera enemiga por su hijo.  El oficial francés de la lancha izó su pabellón en la ballenera riverista, pero la retiró cuando atracó el bote de las que la rodeaban.  La llegada de las lanchas del “Belgrano” y del “San Martín”, mandada la primera por el teniente Alzogaray decidió la cuestión, pues todos fueron a la “9 de Julio” donde el oficial francés debió dar una explicación al Almirante, y después de una gran discusión, la reunión terminó amigablemente.  Más tarde, algunas maniobras que realizó el “Arethuse” sirvió para poner en guardia a los buques de la escuadra, sosteniendo el Almirante otra disputa con los marinos extranjeros, hasta que Brown se quedó con la ballenera. 

Continuó al frente de su goleta “9 de Julio” en 1843 y 1844, en que pasó al mando de la “Chacabuco”, carenada en la Ensenada.  Las relaciones oficiales de padre e hijo en la profesión no torcieron la conducta del almirante: fue Eduardo un subordinado más, en las exigencias del servicio a bordo.  Castigado por un incidente provocado frente a Montevideo por un buque de guerra norteamericano, sufrió Eduardo la prisión correspondiente y cumplida la pena impuesta por el Restaurador, regresó a bordo y se mantuvo en el servicio hasta su temprana muerte

En el combate de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, tuvo una actuación distinguida mandando la batería “General Brown”.  Durante el Sitio de 1853, combatió a las órdenes del teniente coronel Nicasio Biedma “con valor y patriotismo”, según el parte.


Combate de Vuelta de Obligado


Falleció en Buenos Aires, el 31 de diciembre de 1856.  En 1847 contrajo enlace con Margarita Fitton, hija de un antiguo subordinado de su padre.  La muerte de Eduardo Brown dejó a su joven viuda sin hijos y en digna pobreza.  Negada en principio la pensión militar, le acordó el almirante Guillermo Brown, en carta plena de amor filial, una suma mensual de su bolsillo, aporte que continuó su hija Martina, a la muerte de su padre.

El fallecimiento de su hijo golpeó duramente al Almirante.  Su hijo menor, subordinado directo en su última campaña, su confidente durante las inexplicables y largas jornadas de la intromisión extranjera en el Plata, su apoyo en los días del bloqueo a Montevideo, su continuador en la Armada, era su esperanza en esos momentos finales, como lo era su hija Martina en la administración de su correspondencia y documentos.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1985).