martes, 18 de diciembre de 2012

Pocho Lepratti, El ángel de la bicicleta



Pocho Lepratti : EL ANGEL DE LA BICICLETA




Fue muerto durante las violentas jornadas del 19 de diciembre de 2001. Organizaciones populares de todo el país lo reivindican como un icono de resistencia y solidaridad. Este joven de gestos tímidos y mirada limpia, cuyo rostro se reproduce hoy en remeras y pancartas, enseñó a cientos de chicos de la periferia rosarina a confiar en sí mismos y a comprometerse con el otro. La Pulseada estuvo en la casa donde vivió y dialogó con quienes crecieron a su lado y lo acompañaron en la militancia. Su vida. Su muerte. Su proyección.



Rosario es la segunda ciudad más importante del país después de Buenos Aires. Fue uno de los destinos principales de la inmigración europea durante el siglo XIX. Al recorrerla se percibe ese ritmo cosmopolita típico de toda gran urbe. Tráfico intenso, colectivos repletos, oficinistas y universitarios enchufados a sus celulares. El río Paraná domina el paisaje de la ribera. A sus orillas se ubica la zona céntrica donde se desarrolla la mayor parte de la actividad política y económica. Y más allá se aglutinan barrios de trabajadores y villas de emergencia que concentran el grueso de la población. El Ludueña es uno de estos barrios.



Es común encontrar en paredes del centro una inscripción en aerosol: "Pocho vive". Se refiere a Claudio "Pocho" Lepratti, asesinado por la policía santafesina en diciembre de 2001. A medida que el micro se acerca al barrio Ludueña, las pintadas con su nombre se incrementan. Cerca de su casa, frente a una plaza, la pared de la escuela está cubierta por murales en su memoria. Se ve la imagen de un muchacho de barba y melena despeinada, con alas de ángel, andando en bicicleta. Y una frase que ocupa casi toda la cuadra. La que él gritó subido al techo del comedor escolar donde trabajaba, segundos antes de recibir el disparo que lo mató: "¡Hijos de puta!, Dejen de tirar que hay pibes comiendo".






El Santo de Ludueña



"El Ludueña nace con los ferrocarriles. Cuando cerraron, la gente empezó a armar ranchos a los costados de las vías. Ahí nace la villa". La que habla es Natalia Martín, del centro comunitario bautizado como Bodegón Kultural "La Kasa de Pocho". Al cruzar una reja y atravesar un pasillo angosto entre viviendas precarias, se arriba a un patio de tierra repleto de niños. Detrás de ellos hay una construcción de material de tres habitaciones con un cartel colgado en la puerta. Es la casa de Pocho.



"La villa existe porque no hay trabajo. La gente vive sin pagar la luz. Las condiciones en que viven, en casas de cuatro chapas que se vienen abajo, son porque la gente económicamente no tiene nada", explica Emilio Abecasis, otro de los integrantes del Centro, y prosigue: "los que viven acá son o changarines o jubilados municipales, y mujeres que laburan con los planes asistenciales".



Claudio Lepratti llegó a Rosario mientras acontecían los primeros saqueos que terminaron desalojando a Alfonsín de la Presidencia. Había nacido en Concepción del Uruguay en febrero de 1966... El mayor de seis hermanos de una familia de trabajadores rurales. En 1986, luego de abandonar la carrera de Derecho en la Universidad de Santa Fe, ingresó como seminarista en el Instituto Salesiano de Funes. En el 89 dejó el seminario.



"Él venia acá los fines de semana y se daba cuenta de que no alcanzaba. Pidió permiso a los salesianos para venir a instalarse y estar más con la gente. Y la respuesta fue que ya iba a tener tiempo para laburar en los barrios. Entonces les dijo que la gente no puede esperar", recuerda Natalia, y agrega: "él había hecho votos de castidad y pobreza que respetó toda su vida. El único que no mantuvo fue el de obediencia".

Pocho en el comedor




Empezó coordinando talleres para niños y dando clases de Teología junto con el Padre Edgardo Montaldo, un cura tercermundista que organizó las comunidades eclesiales de base en los setenta. "De a poco empieza a trabajar con pibes con problemas de adicciones. Comienzan a juntarse a comer guiso, o a matear. Siempre la comida era la excusa", cuenta Natalia. "Después sale la idea de organizar campamentos, y ahí se ve la necesidad de formar un grupo y hacer actividades".



Para el año 2001, su esfuerzo había impulsado la creación de la Coordinadora Juvenil de la Vicaría Sagrado Corazón del barrio Ludueña, que nucleaba a siete grupos de adolescentes. Entre ellos "La Vagancia", que él fundó en 1994. Además, era un activo militante gremial de ATE. Todos los días atravesaba la ciudad en bicicleta por la avenida Circunvalación hacia su trabajo. Era ayudante de cocina en la escuela 756 del barrio de Las Flores.

Grupo La Vagancia, Barrio Ludueña




Claudio Lepratti fue uno de los siete muertos en Rosario durante la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001. El único procesado fue el agente de la policía provincial que le disparó. El oficial Estéban Velázquez fue condenado en agosto de 2004 a catorce años de prisión. Pocho era un trabajador de perfil bajo. Desde su fallecimiento se convirtió en un mito. Tenía 35 años.



"A pocho no lo mataron, lo multiplicaron" 


La Kasa de Pocho




El Bodegón Kultural "La Kasa de Pocho" se inauguró a mediados del 2004 por iniciativa de ex integrantes de "La Vagancia", el primer grupo juvenil que él formó. Pero antes tuvieron que pasar por una etapa dolorosa. Tras los primeros actos en reclamo de justicia por su muerte, los chicos dejaron de juntarse. "Con ese asesinato generaron mucha confusión y muchísimas preguntas: quién fue, cómo sigue todo esto, qué fue lo que se cayó. Nadie entendió que había pasado". Luego del duelo, en junio de 2002, los que querían seguir decidieron retomar el trabajo barrial. "En ese momento dijimos "La Vagancia" ya fue, vamos a armar otra cosa", recuerda Lucas García, que con 23 años es uno de los veteranos del grupo. El proceso culminó con la apertura del centro. "Esta era la casa de él", aclara Emilio, "cuando lo matan nosotros decidimos ocuparla, empezar a trabajar acá adentro. La familia, los sucesores de la casa, estuvieron de acuerdo".



Es una tarde soleada de sábado, y por la ventana abierta se escucha el griterío de los chicos. Están participando de un taller de inventos coordinado por estudiantes de química de la Universidad de Rosario. Es una de las actividades que promueven. "Hay talleres de cine, de educación popular, una revista, está la biblioteca y tenemos el proyecto de la radio comunitaria".



La murga infantil que fundaron generó un debate interno en el grupo. "Se está planteando trabajar con pibes de edad mediana, porque para los chicos hay muchas actividades. El problema -explica Natalia- es cuando se hacen adolescentes. Es más difícil definir qué cosa hacer a esa edad, además empieza el tema de la droga y el choreo. Tiene que ver con lo que genera la falta de trabajo. Es más fácil ir y comprarte una bolsita y darte vuelta un rato que ponerte a pensar qué hacer con tus problemas y cómo resolverlos". Y concluye: "había unas pibitas que venían juntas a la murga, que a los doce dejaron de venir. Hoy están choreando, embarazadas".



Emilio retoma: "por la experiencia que tenemos, sabemos tirar una actividad para que se enganchen los chicos. Pero con los adolescentes no es tirar una actividad. Es meterle cabeza, es hacerte mierda. Por ahí lo que propusiste no les interesa, aunque te venden que sí. Y tienen razones para hacerlo porque en la escuela les dicen: esto se hace así y punto. No le pidas al pibe que sea creativo".



Emilio define lo más importante que le dejó Pocho: "Elegir. Es un universo chiquito el de las posibilidades. Yo apuesto a comprender la posibilidad. La elección no es no comprar la bolsita de poxiran, sino organizarse, juntarse y hacer cosas antes de tener la bolsita adelante. Es decidir la vida que vos querés antes de estar entre la espada y la pared y tener que elegir entre tu vida y la de un vecino. Ahí ya no decidís nada". Lucas interviene: "Por el lado de mi familia, toda la vida fui vendedor ambulante. Los parientes míos que no son milicos son vendedores ambulantes, y se gana bien. Ninguno terminó el secundario. Yo lo hice, y voy a seguir Comunicación Social. Además del laburo en la casa, estoy con el proyecto de una fábrica de pastas frescas para el barrio. Lo que Pocho me dejó es estar bien adentro tuyo; recién ahí estás en condiciones de ayudar a los demás. Ojalá los pibes a los que les estoy mostrando otras posibilidades también puedan zafar".



Atardece. Lucas camina hacia la parada del micro. "Acá a tres cuadras vive uno de los narcos más grosos de Rosario", dice mientras señala una calle de tierra: "es un barrio complicado. Cuando Pocho vivía acá, como estaba todo el día afuera, le desvalijaban la casa cada dos por tres, pero desde que lo mataron -concluye-, nunca mas entró nadie".




CANCIÓN PARA NO MORIR



Pocho es el inspirador de un tema del artista solidario por excelencia de la música argentina. Leon Gieco conoció su historia hace unos años y se sensibilizó con los reclamos de justicia. "Una vez que fui a tocar a Rosario, unos meses después de la caída de De la Rúa, me llamó la atención que había pintadas en las paredes de bicicletas con alas. Me contaron que eso era por Pocho Lepratti, que andaba en bicicleta, y esa noche le dediqué el concierto", recordó León en un reportaje reciente publicado en Página/12. En febrero de 2004, tras un recital en la ciudad de Colón, el músico prometió a Celeste Lepratti escribir una letra en homenaje a su hermano.



Tres meses después, el demo de "El ángel de la bicicleta" ya estaba circulando entre personas y organizaciones allegadas al militante nacido en Concepción del Uruguay, y se incluyó en la banda sonora del premiado documental "Pochormiga", del rosarino Francisco Matiozzi. Gieco remarcó su convicción de que "la canción tiene que empezar a funcionar cerca del lugar donde fue compuesta. Y la cosa es recíproca: ahora que estamos haciendo el clip de este tema, ellos nos ofrecieron imágenes del vídeo, que vamos a utilizar". "El ángel de la bicicleta" tiene como invitados al cantante y al bajista del grupo de cumbia villera Los Pibes Chorros y a David Kemper, baterista de Bob Dylan, una combinación sólo posible con León Gieco de por medio. El tema fue elegido como primer corte de difusión de su nuevo disco, "Por favor, perdón y gracias", que está a la venta desde el mes pasado.



Semanas atrás, los transeúntes que pasaban por calle 12, se sorprendieron al ver a León vestido de Presidente de la Nación pintando con aerosol una bicicleta con alas, seguido de cerca por las cámaras del director Santiago Pueyrredón. El videoclip fue filmado en las inmediaciones del Palacio Municipal de La Plata. El cantautor interpreta a un primer mandatario que dice la verdad, cuyo discurso no encuentra ningún destinatario. En la ultima estrofa de la canción declara:

 "Cambiamos ojos por cielo 
Sus palabras tan dulces, tan claras 
Cambiamos por truenos 
Sacamos cuerpo, pusimos alas 
Y ahora vemos una bicicleta alada, que viaja 
Por las esquinas del barrio, por calles 
Por las paredes de baño, y cárceles 
Bajen las armas!! 
Que aquí sólo hay pibes comiendo". 


Que así sea...


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