viernes, 21 de diciembre de 2012

40 años del Milagro de Los Andes



A 40 AÑOS DEL  MILAGRO DE LOS ANDES







El viernes 13 de Octubre de 1972 un avión uruguayo, que llevaba 45 pasajeros a Chile, de los cuales muchos eran estudiantes y jugadores de un equipo de rugby, se estrello en la Cordillera de los Andes.



Doce murieron a causa de la caída, los sobrevivientes a esta tuvieron que soportar entre otras cosas a la temible Cordillera, treinta grados,bajo cero durante las noches y al hambre. Trataron de resistir con las

escasas reservas alimenticias que poseían, esperando ser rescatados, pero su esperanza cayó al enterarse por una radio, que se había abandonado la búsqueda.



Desesperados ante la ausencia de alimentos y agotada su resistencia física, se vieron obligados a alimentarse de sus compañeros muertos para poder seguir viviendo. Finalmente hartos de las bajísimas temperaturas,

los amenazadores aludes, angustiados por la continua muerte de sus compañeros y la lenta espera del rescate, dos de los rugbiers deciden cruzar las inmensas montañas para así llegar a Chile. De esta manera es

como el 22 de diciembre de 1972, después de haber estado durante 72 días aislados de todo, el mundo se entera que dieciséis son los sobrevivientes que vencieron a la muerte en la Cordillera de los Andes.







EL EQUIPO DE RUGBY



 El club "Old Christians" de Carrasco se fundó para que los alumnos que terminasen sus estudios en el colegio "Stella Maris" de Montevideo, no abandonasen el Rugby, que era el deporte que se practicaba en esta escuela.

Con el correr de los años este deporte llegó a ser muy popular en Uruguay. El primer equipo de los "Old Christians" con emblema llegó a ser uno de los mejores del país. En 1968 ganaron el campeonato nacional de Uruguay, hazaña que se volvió a repetir dos años mas tarde. En 1971 decidieron enfrentarse a los equipos de Chile.

Para conseguir su propósito y que el viaje no les costase tan caro, contrataron un avión de la fuerza aérea uruguaya, que los llevaría a Santiago de Chile. Allí, los "Old Christians" ganaron un partido y perdieron otro, al mismo tiempo pasaron unas vacaciones en Chile y para muchos de los pasajeros era la primera vez que salían de su país. Fue tan grande el éxito que al poco tiempo de haber llegado a Uruguay, empezaron a organizar la misma salida para el año entrante. Uno de los problemas fue completar las 40 plazas que la fuerza aérea ofrecía, cuantos menos asientos quedasen vacíos menos costaría el pasaje por persona.

El precio total de las plazas era de 1600 dólares, si se completaban todas, solo costaría unos cuarenta dólares por cabeza ida y vuelta. Se corrió la voz de que el viaje podría ser cancelado, pero por fin se llegaron a vender todas las plazas entre familiares, amigos y simpatizantes del equipo.

El jueves 12 de octubre de 1972, por la mañana, los pasajeros del avión Fairchild F-227 comenzaron a arribar al aeropuerto de Carrasco para emprender el segundo viaje de los "Old Christians"a Chile. A las ocho y cinco el avión de la Fuerza Aérea Uruguaya, despegó del aeropuerto de Carrasco en dirección a Santiago de Chile, con 40 pasajeros y 5 tripulantes.

El avión que llevaría a los Old Chrisitians a Chile era un Fairchild F-227 turborreactor de dos motores gemelos, fabricado en Maryland, Estados Unidos, y comprado por la Fuerza Aérea Uruguaya en 1970.

El mismo Coronel Julio Ferradas había tenido la oportunidad de llevar al Fairchild desde Maryland hasta Uruguay. A partir de entonces el aparato solamente había hecho 792 horas de vuelo, por lo que su condición se consideraba perfecta. Comúnmente el Fairchild era utilizado para carga, pero en esta ocasión, se le habían agregado 48 asientos desmontables que estaban sujetos a una viga en suelo. Según las reglas de la aeronáutica se le podía considerar como nuevo y además contaba con uno de los mas modernos equipos de navegación conocidos hasta la fecha. No sólo estaba dotado de un aparato de radio compás con control de

dirección automático, sino con un nuevo aparato VOR (VHF Omnidirectional Range). La velocidad de crucero de este tipo de aviones es de unos 435 Km. por hora.

En circunstancias normales puede volar a una altura tope de 7.000 metros. Esto indica que el Fairchild no puede volar sobre los andes como un jet comercial, si no que debe atravesarlos. Cuando transportaba

pasajeros, el equipaje viajaba dividido en dos sectores diferentes del avión. Uno de estos sectores se hallaba justo entre la cabina de los pilotos y el compartimiento para pasajeros y el otro estaba ubicado detrás de la fila de asientos, en la parte trasera del Fairchild, después de un pequeño lavatorio.



LA DESAPARICION



El avión despegó de Montevideo el jueves 12 de Octubre a las ocho y cinco de la mañana. El piloto, Julio Ferradas calculaba llegar a Santiago en cuatro horas aproximadamente. La última media hora sobrevolarían la Cordillera.

Al llegar a Mendoza notaron que el clima sobre los andes no era bueno para cruzarlos con el Fairchild. A las once y media aterrizaron en la capital debido al mal tiempo en la Cordillera. Numa Turcatti (jugador de los Old Christians) llamó por teléfono a Montevideo.

Al parecer, otro de los jugadores, Guido Magri llamó a su novia María que se encontraba en Santiago. Gilbero Regules, jugador del equipo que no había llegado a tiempo a subirse al avión en Montevideo, llegó a Santiago en otro vuelo el mismo día a las 23:00. Buscó al equipo en los hoteles donde supuestamente se alojarían pero no encontró a ninguno de los pasajeros. Se alojó en otro hotel y de allí se comunicó con María, la novia de Guido Magri. Ella le dijo que había hablado con la embajada uruguaya y le habían comunicado que el avión se encontraba en Mendoza por cambios climáticos desfavorables y que probablemente regresaría a Montevideo.



El equipo pasó la noche en Mendoza y con muchas dudas despegó al día siguiente, rumbo a Santiago. Gilberto Regules y María, novia de Guido Magri, fueron al aeropuerto de Santiago a esperarlos. El avión debía

llegar aquel día a las 14:30 de Santiago, pero no fue así como sucedió.

Con el pasar de las horas notaron que algo extraño había pasado. A las 17:00 el aeropuerto de Santiago les informo que el avión había desaparecido sin dejar rastros. Gilberto y María se trasladaron a la embajada uruguaya para ver si tenían noticias.

El rumor de la desaparición del Fairchild llegó a Montevideo a las 18:00. Bobby Jaugust (jugador del equipo) llegó a Santiago por otro vuelo el Viernes 13 por la tarde. Buscó al equipo en los hoteles y tampoco los encontró. Estando en el hotel Kent, llamó el padre de Felipe Maquirriain (Felipe era uno de los pasajeros) y pidió hablar con cualquier Old Christian. Bobby contestó la llamada y Maquirriain, creyendo que Bobby iba en el Fairchild, creyó que el avión llegó sin problemas. Bobby se dio cuenta de que había un problema y se dirigió a la embajada Uruguaya. Allí se encontró con Gilberto Regules, quien le dijo que el avión estaba desaparecido.

Desde Santiago, Maria llamó a Montevideo para hablar con la familia Magri. La comunicación fue confusa. María les dijo que había hablado con Guido, y la familia interpretó que ella había hablado con el en Chile,

cuando en realidad ella quiso decirles que habló con el cuando Guido la llamo desde Mendoza. A las 22:00 las noticias en Montevideo eran confusas. Se decía que el avión había sido encontrado en Curico, lo cual era erróneo. El padre de Daniel Juan llamó a los padres de los muchachos para brindar por la buena noticia de que sus hijos ya se encontraban a salvo en Chile. El padre de Gustavo Nicolich se enteró en su oficina de las noticias.

Como los demás, el creyó que el avión se había perdido al volver de Santiago hacia Montevideo, solo con la tripulación. Llamó al padre de Roy Harley, quien le dijo que habían aterrizado en Mendoza y se perdió al ir hacia Chile. Cuando Nicolich escuchó las noticias de que el avión había aparecido en Curico, llamó a un familiar que trabaja en un diario quien luego le confirmó que esta noticia era errónea. Alrededor de las 23:00, finalmente se conocieron los informes oficiales: El avión pasó la noche del Jueves 12 en Mendoza. Partió de allí el Viernes 13 a las 14:18. Pasó sobre Curico a las 15:24. Y desapareció aproximadamente a las 15:34. En una búsqueda inicial, el Servicio Aéreo de Rescate Chileno no los encontró. A los ocho días se dio por finalizada la búsqueda oficial.





Aeropuerto de Mendoza 13 de Octubre de 1972




EL CHOQUE



A las ocho y cinco de la mañana el F-227 despegó de Carrasco. El plan de vuelo de su piloto, el comandante Cesar Ferradas, era dirigirse de Montevideo a Santiago pasando sobre Buenos Aires y Mendoza. El viaje duraría cuatro horas y la última media hora volaría sobre los Andes. La mayor preocupación de los pilotos era que las montañas de los Andes oscilan entre dos mil y seis mil metros, (teniendo en cuenta que el pico mas alto de la Cordillera, el Aconcagua, mide siete mil seiscientos metros) y la mayor altura que podía alcanzar el Fairchild era de seis mil ochocientos metros. Por lo tanto tendría que atravesar los Andes por algún paso donde las alturas fueran menores. En el momento en el que el Fairchild llegó a la cordillera, el auxiliar de vuelo Ovidio Martinez le dio la noticia a los pasajeros de que era imposible atravesar la cordillera, ya que las condiciones climatológicas no se lo permitirían, con lo cual debieron aterrizar en Mendoza, provincia de Argentina.

Allí pasaron una noche y al otro día a las 14:18 el Fairchild partió de Mendoza rumbo a Santiago, comandado por el copiloto Dante Lagurara. El avión ascendió hasta llegar a los 6 mil metros de altura. A medida que avanzaban, un manto de nubes blancas aparecía bajo ellos, pero esto no era problema, ya que la visibilidad era buena por encima de las nubes. A las 15:21 Lagurara se comunicó con el control de tránsito aéreo de Santiago para decirles que sobrevolaban el paso Planchón. Minutos más tarde se volvió a comunicar para decirles que divisaba Curicó. El avión giró en ángulo recto para tomar la ruta anterior. Dando por buena la información recibida, la torre de control autorizó para descender a los 3 mil quinientos metros cuando se dirigía al aeropuerto de Padahuel.

Cuando el avión descendió penetró en una nube y comenzó a dar sacudidas. Lagurara conectó las señales de abrocharse los cinturones y de no fumar ya que los pasajeros estaban yendo de un lugar a otro y jugando con una pelota de rugby.

El navegante les dijo que el avión se iba a sacudir un poco, por lo cual debían permanecer sentados, aunque ya estaban por aterrizar. Minutos después el avión empezó a sacudirse de forma anormal y luego penetró en

una bolsa de aire que lo hizo descender varios metros bruscamente. Algunos de los pasajeros se veían nerviosos y otros para disimular el miedo hacían chistes sobre su situación. Luego otra bolsa de aire los hizo descender varios metros más hasta sacarlo de la nube. El paisaje que se veía por las ventanillas, no eran los valles de Chile, sino, tan solo una inmensa montaña a escasos tres metros del ala. Al ver esto varios de los pasajeros comenzaron a rezar, otros se miraban aterrorizados esperando el impacto contra la montaña. El piloto forzó los motores intentando obtener altura. El avión se elevó un poco, pero el ala derecha tocó la ladera y se desprendió del fuselaje. Al pasar por encima de este, arrancó la cola del avión, dejando una salida en la parte trasera de lo que quedaba del Fairchild. El navegante, el ayudante de vuelo y tres chicos más salieron despedidos por donde anteriormente estaba la cola. Segundos después el ala izquierda se partió y una de las aspas de la hélice rasgó el fuselaje. Se oyeron largos gritos de terror. En lugar de deshacerse, el avión siguió unos segundos más sin alas ni la cola hasta aterrizar sobre su vientre en la nieve a lo ancho de un gran valle. En ese momento dos pasajeros mas salieron despedidos por la parte trasera.

La fuerza de desaceleración hizo que la base de los asientos se rompiera y que estos aplastaran violentamente a los pasajeros contra la parte delantera del avión. La distancia entre el punto de impacto y el lugar donde el Fairchild se detuvo era de cinco kilómetros. Y la altura del lugar, donde estaban los 32 supervivientes que hasta el momento quedaban, era de tres mil quinientos metros sobre el nivel del mar.



COMO SOBREVIVIR



En cuanto se encontraron en el medio de los Andes, los sobrevivientes entendieron que debían mantenerse con vida unos a otros hasta que fuesen rescatados. La necesidad más urgente era el agua. En el avión no había ningún tipo de liquido para saciar la sed y era difícil fundir suficiente cantidad de nieve para todos los pasajeros.

Fue Adolfo Strauch quien descubrió que en la parte trasera del respaldo de todos los asientos, había una bandeja metálica de unos 30 por 70 cms. Lo que hizo fue doblarle los lados hacia arriba y hacerle un agujero en el medio. Hecho esto, la cubrió parcialmente con nieve y la colocó de cara al sol. A los pocos minutos el sol calentó la chapa y la nieve comenzó a fundirse formando un chorrito de agua que caía por el orificio.

Como todos los asientos tenían una de estas chapas en su respaldo, rápidamente comenzaron a funcionar mas "convertidores de nieve en agua". Para comenzar a organizarse, se dividieron en diferentes grupos. El

grupo médico estaba formado por Gustavo Zerbino, Roberto Canessa y Liliana Methol. Los dos primeros eran estudiantes de primer y segundo año de medicina, respectivamente. A pesar de su poca experiencia en la medicina eran los únicos que brindaban seguridad dentro del grupo. Liliana, a pesar de no saber de medicina ayudaba a Canessa y a Zerbino, haciendo de enfermera y cuidando a los heridos.

Otro de los grupos estaba a cargo de la vivienda. Este debía ordenar el avión, tendiendo las mantas de los asientos al sol y acomodando los almohadones en forma de colchón, a lo largo del fuselaje.

El tercer equipo era el de los convertidores de nieve en agua y estaba formado por los mas heridos del grupo. Como en las cercanías del avión, la nieve estaba manchada de sangre, aceite y orines, debían ir a buscar nieve más limpia unos metros más allá del avión.

La única comida de la que disponían era la que llevaban ellos para comer durante el viaje y algunas cosas que habían comprado en Mendoza.

Como en total eran 29 personas las que hasta el momento estaban vivas, decidieron que debían racionar los alimentos y hacerlos durar hasta que fuesen rescatados. De esto se encargaba el capitán del equipo Marcelo Pérez.

Durante los primeros días a cada uno le correspondió la medida de una tapa de desodorante cargada con vino, una cucharada de mermelada y una tableta de chocolate. Juntando algunos de los hierros que estaban en el avión, Canessa y Maspons construyeron dos camas colgantes, que serían usadas por los mas heridos.

Gracias a esto había mas lugar en el suelo, pero los heridos que utilizaban las camas sentían más frío ya que no recibían el calor de los cuerpos de sus compañeros, por lo tanto, le fueron confeccionadas mas mantas para protegerse. Carlos Páez, era quien se encargaba voluntariamente de tapiar el boquete de entrada al avión. Un día lo dejó tan bien, que tuvo que volver a pararse y abrir un hueco por que había empezado a faltar el aire en el interior del fuselaje.

Él mismo, era quien tenía asignado el trabajo de pasar un frasco durante las noches, para que los demás pudiesen orinar y luego tirar el desecho por un pequeño agujero que daba al exterior.

La vestimenta estaba provista de varias prendas superpuestas, la mayoría llevaba varios buzos, tres pantalones, tres pares de medias, un par de almohadones atados a las botas de rugby (para no hundirse en la nieve) y como no tenían guantes se los confeccionaron con medias.

Durante el día, cuando el cielo estaba despejado, el sol se reflejaba en la nieve y encandilaba a los que permanecían en el exterior.

Usando partes del avión y la tapa de una carpeta que encontraron en la cabina, Fito Strauch armó rudimentarios anteojos de sol con los que podrían evitar la ceguera durante el día. La solidaridad, la Fe, el compañerismo y el trabajo en equipo, fue sobre todo lo que ayudaba a subsistir día tras día a los sobrevivientes. Cuando uno de ellos decaía en ánimo otros iban y se ocupaban de levantarle la moral, de lo contrario, este deprimía a todos los que se hallaban a su alrededor.




LA AVALANCHA



El día decimosexto que llevaban en la montaña, día 29 de Octubre, amaneció despejado. Los jóvenes salieron del avión, tendieron al sol sus mantas y ropas, y se acomodaron en los asientos que habían armado a largo del fuselaje. Últimamente todo estaba marchando bien y los grupos trabajaban en completa armonía, ya sea ordenando el avión, derritiendo nieve o haciendo alguna otra cosa. Numma Turcatti estaba feliz por dos motivos. Había encontrado la cámara fotográfica de su hermano mayor, perdida en el accidente, y al día siguiente 30 de Octubre, iba a cumplir 25 años.

A eso de las 18:00, cuando el sol se había puesto tras las montañas, los muchachos se metieron en el avión. Comieron, rezaron y se prepararon para acostarse extendiendo en el piso los almohadones de los asientos.

Diego Storm y Gustavo Nicolich se sentían deprimidos aquella noche. Su buen amigo Roy Harley hizo lo que pudo para levantarles el ánimo y alegrarlos un poco. Generalmente Harley dormía delante de Storm.

Aquella noche decidieron cambiar los puestos, ya que Storm se sentía incómodo. Harley yacía acurrucado junto a Nicolich. Mientras tanto los demás se acomodaban bajo las mantas y se iban durmiendo. Roy Harley todavía permanecía despierto, cuando se oyeron dos estruendos terribles. Sonaron como truenos. Inmediatamente se abatieron sobre la débil barricada que cerraba el boquete trasero del fuselaje toneladas de nieve blanda, invadiendo el fuselaje y la cabina.

El retumbar de un rayo había producido una avalancha de nieve, que derribó y arrastró el "tapón" con que habían obstruido la abertura trasera. Todos, menos Roy, que se incorporó rápidamente al oír el ruido, quedaron sepultados de un momento a otro bajo casi un metro y medio de nieve. Lo que vio Harley al incorporarse lo dejó aterrado. El avión estaba casi completamente lleno de nieve y todo lo que anteriormente cubría el suelo había desaparecido. Roy empezó a cavar hacia su lado derecho, donde anteriormente se encontraba Carlitos Páez.

Primero le descubrió la cara y después el torso. Al ver que había manos fuera de la superficie de la nieve, el muchacho fue a rescatar a otros compañeros. Liberó a Canessa y luego fue por Adolfo Strauch. Ya habían pasado varios minutos del alud y la mayoría de sus compañeros permanecían bajo la nieve aún. Los que estaban sobre las camas colgantes no se vieron afectados en gran parte por la avalancha. Vizintin a pesar de estar herido y en una cama ayudaba a cavar desde su lugar pero Echevarren no se podía mover y Nogueira estaba en estado de shock. Hasta ese momento Harley, Páez, Sabella, Canessa y Adolfo Strauch se hallaban libres y cavando en la nieve. Cuando Adolfo Strauch se encontraba bajo la nieve, gritaba a su primo que resistiese.

Mientras tanto Harley ya estaba llegando a él con sus manos. Una vez que Adolfo Strauch quedo libre, su primo (Eduardo), Inciarte, Daniel Fernández y François salieron por el mismo agujero que él había dejado. Todos comenzaron a buscar al capitán del equipo, Marcelo Pérez, pero al encontrarlo ya había muerto. Roy Harley que había quedado hundido en la nieve hasta el pecho, oía las voces ahogadas bajo la nieve de sus compañeros.

Excavó con las manos en busca de su amigo Diego Storm, con quien había cambiado el lugar hacía instantes. A aquella altura este esfuerzo era literalmente agotador. Perdió completamente la sensibilidad en sus manos, que se le congelaban. Cuando Páez se sintió libre comenzó a buscar a sus amigos Nicolich y Storm, pero se le congelaban las manos y debía parar para calentárselas con el encendedor.

Se comunico con Gustavo Zerbino a través de un túnel pero Zerbino le dijo que el se encontraba perfectamente y que podía rescatar a otro. Finalmente halló a su amigo Nicolich, pero ya era tarde. Uno de los que no se entregaron fue Fernando Parrado. Había leído que en caso de avalancha las victimas pueden vivir algunos minutos bajo la nieve. Espero y cuando sintió que alguien aplastaba su pecho por encima suyo empezó a gritar pidiendo auxilio.

En el último momento, cuando ya estaba por entregarse, Carlos Páez llegó hasta su cara. Luego de rescatar a Nando, Páez buscó asu amigo Diego Storm, pero cuando lo encontró se dio cuenta que había muerto. Canessa encontró muerto a su amigo Maspons. Roque (el mecánico) y Menéndez murieron al derrumbarse la barrera, pero parte de ella salvó la vida de Turcatti y Alfredo Delgado. Algorta se preparaba para morir cuando una mano llegó a su cara, permitiéndole respirar. Al ir a rescatar a Javier Methol este les dijo que primero rescaten a su esposa. Methol se liberó y junto a Zerbino comenzaron a buscar a Liliana. Cuando la encontraron, estaba muerta.

Javier cayó fulminado en la nieve, llorando, abrumado por el dolor. Como la nieve había llenado las tres cuartas partes del interior del fuselaje ahora los sobrevivientes se encontraban casi contra el techo, con miedo, frío y sin ocho de sus mejores compañeros.

El capitán del equipo, Marcelo Pérez había muerto. Juan Carlos Menedez y el mecánico Roque estaban muertos en la entrada. Platero, a quien le habían sacado un tubo del estómago y su herida había cicatrizando tambien habia muerto. Nicolich y Storm, amigos de Páez también lo estaban. Liliana Methol, querida y respetada por todos los jóvenes, murió al lado de su esposo. Daniel Maspons, a quien Canessa halló como si estuviese durmiendo tampoco sobrevivió a la valancha. Nuevamente comenzaron a sentir que sus vidas se podrían acabar de un momento al otro.

Los diecinueve sobrevivientes que hasta el momento quedaban pasaron una noche peor aún que la primera. Una hora mas tarde del primer alud, otra avalancha cayó sobre el avión pero esta vez paso por arriba y muy poca nieve pudo llegar al interior. Con esta segunda avalancha el avión se encontraba completamente enterrado. Ya avanzada la noche los muchachos estaban cansados y con frío, ya que las mantas, zapatillas y otras ropas habían quedado bajo la nieve. Debían darse golpes para restablecer la circulación de la sangre.

Entre tres o cuatro cavaron un hoyo en el medio de la nieve en el cual algunos podían sentarse con sus piernas dentro y uno debía permanecer parado en el medio del hoyo saltando sobre sus pies para que no se les congelasen. Algunas horas más tarde les comenzó al faltar el aire, entonces Parrado agarró una vara y consiguió pasarla por la entrada, atravesando la nieve hacia el exterior, de esta manera el oxigeno llegaba a ellos. La tormenta duró dos días más por lo cual los sobrevivientes debieron quedarse acurrucados dentro del avión.

El primero de Noviembre seis de los muchachos salieron del avión a derretir nieve y limpiar las ventanas. Al día siguiente, el cielo estaba despejado y se organizaron nuevamente en equipos para quitar la nieve y los cuerpos del interior del fuselaje.



Las víctimas de la avalancha, finalmente fueron: Gustavo Nicolich, Enrique Platero, Marcelo Perez, Liliana Methol, Juan Carlos Menéndez, Diego Storm, Carlos Roque y Daniel Maspons



EN LA COLA DEL AVION



El 17 de Noviembre Canessa, Vizintin y Parrado partieron hacia el este para bordear una ladera y luego dirigirse hacia Chile. En el camino se encontraron con la cola del avión. Lo que más les encantó fue la vista de las valijas que se encontraban esparcidas a su alrededor. Fueron hacia ellas, las abrieron y buscaron en el interior. Encontraron toda clase de ropas, un equipo de esquí y una caja de bombones de los cuales comieron algunos. Los tres se sacaron las ropas sucias y las cambiaron por las más gruesas que pudieron encontrar.

Canessa allí encontró su valija con sus pulloveres preferidos. Parrado encontró un pasamontañas perteneciente a su mejor amigo Panchito Abal. Después entraron en la despensa de la cola y allí encontraron un paquete de azúcar y tres empanadas de carne que comieron inmediatamente. Detrás de la despensa había un compartimiento para el equipaje donde encontraron más valijas. En una de ellas encontraron una botella de Ron y, en otras, varios cartones de cigarrillos. También encontraron cajas de Coca-Cola, revistas cómicas con las que encendieron fuego y algunos sandwiches llenos de moho. Pero el descubrimiento más importante fue el de las baterías del avión. Antes de morir, el mecánico Roque les había dicho que con las baterías podrían hacer funcionar la radio del avión, el problema era que la radio estaba en la cabina de los pilotos y las baterías en la cola. Si conectaban las baterías a la radio podrían trasmitir un mensaje de auxilio y cancelar los planes de una peligrosa expedición.

Aquella noche la pasaron allí. Con las baterías Canessa logro encender una bombilla de luz. Comparado con las condiciones del avión esto era muy cómodo. Al día siguiente siguieron caminando hacia el nordeste tratando de dar la vuelta hacia Chile pero no lo lograron y la noche los sorprendió en plena caminata. Allí cavaron un pozo y se dispusieron a dormir. Pero resulto imposible. El frío era muy intenso y cualquier abrigo que tuviesen no alcanzaba para entrar en calor. Así que se vieron obligados a colocarse uno arriba del otro. De esta forma se daban calor mutuamente, aunque no podían dormir. A la mañana siguiente volvieron a la cola. La comida ya se estaba acabando así que decidieron volver al avión. Vizintin y Canessa pasaron al departamento donde estaban las baterías, las separaron de la cola y se las fueron pasando a Parrado.

Vizintin separo el material aislante del sistema de calefacción pensando que serviría para su chaqueta. Cargaron las baterías en un improvisado trineo que construyeron con media valija. Y partieron ladera arriba, hacia el fuselaje a donde habían dejado a sus amigos. Las baterías eran demasiado pesadas (cerca de 23 kilos cada una) y el camino de vuelta era en subida, por lo que decidieron que en vez de llevar las baterías hasta el avión, desmontarían la radio de la cabina y la llevarían hasta la cola.

Antes de partir Parrado volvió a la despensa y escribió "Ir hacia arriba. Todavía quedan dieciocho personas vivas".

Cinco días después volvieron a la cola con Roy Harley, el estudiante de Ingeniería, para que conecte la radio. En el camino se encontraron la maleta de la señora Parrado que entre otras cosas contenía dulces y dos botellas de Coca-Cola. Pasaron este primer día descansando y mirando el interior de las valijas nuevas que habían aparecido alrededor de la cola al fundirse la nieve. Entre otras cosas Fernando Parrado, encontró una cámara de fotos con película y la bolsa con las dos botellas de ron y licor que su madre le había dado en Mendoza para que guardara. Bebieron una de las botellas y reservaron las otras para la última expedición, por si los planes de hacer funcionar la radio fallaban.

Canessa y Harley se dedicaron a hacer funcionar la radio a la mañana siguiente. A pesar de todos sus intentos, fracasaban una y otra vez. Sus esperanzas incrementaron cuando Vizintin encontró el manual de instrucciones del Fairchild, pero al buscar el cápitulo de "comunicaciones" descubrieron que el viento había arrancado varias paginas. Mientras tanto Parrado y Vizintin se dedicaban a seguir buscando en las valijas, sacar fotos o encender fuego. Al tercer día se dieron cuenta de que los alimentos se estaban acabando por lo que Parrado y Vizintin volvieron al fuselaje, dejando solos a Canessa y a Harley para que continuasen con su trabajo. Dos días después regresaron y se encontraron con que Harley, con la ayuda de Canessa había hechotodas las conexiones necesarias pero de todas maneras no podían captar ninguna señal exterior.

Cuando conectaron las baterías a la radio a transistores que ellos llevaban lograron sintonizar varias emisoras. Escucharon la noticia de que un C-47 de la Fuerza Aérea Uruguaya reanudaría la búsqueda del Fairchild por lo que decidieron hacer una cruz con los bolsos y ropas a pocos metros de la cola. Para entonces ya estaban prácticamente convencidos de que no lograrían hacer funcionar la radio, aunque Canessa seguía intentándolo y se oponía a regresar al avión. Finalmente, a pesar de todos los intentos, todos los resultados fueron negativos. Por lo que después de pasar su ultima noche en la cola decidieron regresar al avión sin que antes Harley destruyera la radio a patadas.





Fernando Parrado en la cola del avión.







LA EXPEDICION DE LA ESPERANZA



Luego de varias discusiones, el día número sesenta y dos, Roberto Canessa, Fernando Parrado y Antonio Vizintin salieron en su última expedición hacia Chile. Se llevaron consigo la brújula del avión, los planos y una bolsa de dormir fabricada con una parte aislante de la calefacción del avión a la cual debieron coser con los cables pertenecientes a los circuitos. Los demás supervivientes les habían preparado una ración especial de comida que duraría quince días. Cada uno de los tres expedicionarios se había preparado su mochila (hechas con pantalones) con las cosas que irían a necesitar. Los tres llevaban anteojos para el sol, un tubo de aluminio para apoyarse, los almohadones del avión (usados como botas), varios Jersey, cuatro pares de calcetines y demás ropa de abrigo. Después de una breve y emotiva despedida con sus compañeros, caminaron bordeando la ladera de la montaña más próxima que se encontraba al oeste. El problema era que la pendiente era muy pronunciada y alta en todas sus partes, por lo cual costaría mucho la ascensión. Consultaron a la brújula y comenzaron a trepar por la ladera de la montaña.

Asi estuvieron a lo largo del dia y cuando el sol se ocultó, todavía no habían encontrado un lugar apropiado para dormir, por lo cual empezaron a alarmarse. Con desesperación empezaron a buscar un sitio más o menos plano para poner el saco de dormir y no deslizarse colina a bajo mientras dormían. Finalmente Parrado encontró una roca en la cual se había formado una trinchera dónde podrían pasar la noche.

Al segundo día de ascensión, mientras descansaban, Canessa aseguró ver una carretera hacia el lado de Argentina y lo comentó con los otros dos. El deseaba volver al avión para luego dirigirse hacia la carretera. Pero Parrado creía imposible que lo que veía sea una ruta ya que se dirigía hacia el este y Chile estaba hacia el oeste. Llegó la noche del segundo día y todavía no habían llegado a una conclusión.

Al día siguiente, tercero de su ascensión, llegaron a un acuerdo. Parrado había llegado a la cima de la montaña y con desilusión, se encontró con que todo lo que lo rodeaba eran montañas. En la lejanía descubrió dos montañas sin nieve, entre las cuales debía haber un valle donde encontrarían su salvación. Como pensaron que si seguían camino hacia esas dos montañas, la comida se agotaría, decidieron que Vizintin debía regresar para que a ellos dos les durase mas la ración. En la mañana del 15 de Diciembre, Vizintin descendió hacia el avión tardando solo 45 minutos.

Al día siguiente Canessa y Parrado siguieron la ascensión hacia la cumbre, hazaña que Parrado había conseguido dos días atrás. Tardaron tres horas en llegar y allí buscaron el mejor camino para descender. Llegada la tarde, y habiendo descendido un buen tramo del camino, se dispusieron a dormir. Al mediodía del día 17 de Diciembre llegaron a la base de la montaña y siguieron andando por el valle que habían acordado cuando estaban en la cima de la montaña. En una de las paradas que hicieron para descansar vieron un pequeño arrollo y a su lado descubrieron musgo y juncos.

Era el primer signo de vegetación que veían desde el día del accidente. Dos días más tarde por la mañana, Canessa vio un grupo de vacas, lo que los alentaba a seguir caminando. Más adelante encontraron los primeros signos de civilización, (una herradura, una lata de sopa, árboles talados, etc). Después de esto se acostaron a dormir, estando seguros de su salvación. En el día 20 de Diciembre, cuando ya se estaban poracostar, después de haber caminado otro largo tramo, Canessa reconoció a un hombre a caballo del otro lado del río y empezó a gritarle a Parrado para que fuera a su encuentro, ya que él no podía caminar. Parrado corrió hacia donde se encontraba el jinete, pero no lo vio, por lo que regresó junto a Canessa quién también lo había perdido de vista. Mas tarde oyeron un grito y esta vez vieron a tres hombres del otro lado.

Los dos pidieron socorro desesperadamente e hicieron gestos de súplica. Uno de los tres hombres se acercó a la orilla del río y gritó algo, de lo cual Canessa y Parrado solo pudieron entender "mañana". Finalmente se acostaron a dormir felices por lo acontecido.

A la mañana siguiente, los dos sobrevivientes volvieron a ver a los tres hombres al lado de la cabaña. Parrado se acercó al río y le gritó algo a las personas. Uno de ellos (Sergio Catalán) bajó hacia la orilla y en un papel escribió: Va a venir luego un hombre a verlos. ¿Que es lo que desean?. Después de escribir esto, envolvió el papel en una piedra y se lo lanzó a Parrado. Este escribió lo siguiente: "Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos como. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar a arriba?. Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?". Cuando terminó, hizo lo mismo que el arriero para devolver el papel.

Sergio Catalán lo leyó e indicó que había entendido. Antes de irse, el arriero arrojó cuatro panes al otro lado del río y luego se fue a caballo.

Unas horas mas tarde llegó un hombre al lugar dónde estaban Canessa y Parrado y les dijo que Sergio Catalán había ido a notificar la noticia al pueblo más cercano. Finalmente, a setenta días del accidente y de nueve de caminar a través de las montañas, habían encontrado la salvación.



EL RESCATE




 Canessa y Parrado. Detrás el arriero Sergio Catalán




Luego de que Sergio Catalán haya leído el mensaje Parrado se fue a donde estaba Canessa para comer los panes que el arriero les había lanzado por encima del Río. Poco tiempo después llegó un hombre a caballo al lugar dónde estaban Canessa y Parrado. Brevemente le explicaron su aventura al arriero quien les dio queso y luego los llevó a una cabaña en Los Maitenes donde los dos sobrevivientes comieron sin pausa.

Allí, junto a un tercer jinete, los nativos les explicaron que la persona que los había descubierto había salido por la mañana para llevar la carta al puesto de carabineros más cercano. Horas más tarde Sergio Catalán arribó a Los Maitenes junto a un grupo de carabineros, quienes escucharon con atención la historia de los dos sobrevivientes.

Cuando Canessa y Parrado terminaron de hablar, el jefe de carabineros mandó a pedir tres helicópteros a Santiago, para el rescate de los demás sobrevivientes.

Al día siguiente, viernes 22 de Diciembre, había neblina. Poco antes del mediodía, mientras Roberto Canessa y Fernando Parrado en Los Maitenes desayunaban, Canessa y Parrado, escucharon un ruido extraño en la lejanía. Se oía como una muchedumbre. Al asomarse, los dos sobrevivientes notaron a una multitud de periodistas que se acercaban hacia ellos haciendo preguntas.

Esto sorprendió de sobremanera a Canessa y a Parrado ya que nunca habían imaginado el apetito sensacionalista de la prensa mundial, pero igualmente se sentían contentos de responder a sus preguntas. Los helicópteros llegaron a los Maitenes aproximadamente después de las 10 am. Tres horas después había bastante visibilidad por lo que los pilotos decidieron partir hacia el Fairchild (dos de los tres helicópteros). A las 13 salieron los dos helicópteros con: Carlos García (comandante), Jorge Massa (comandante), dos mecánicos, un asistente sanitario, tres miembros del S.A.R. y Parrado para indicar el lugar del avión. Ya en viaje, Parrado reconocía todo lo que veía hacia abajo. Una vez adentrados en las montañas el helicóptero se encontró frente a una enorme ladera. Cuando García pregunto hacia donde iban ahora, Parrado contestó - Hacia arriba -. Al escuchar esta respuesta García quedó anonadado ya que le parecía imposible que dos personas en situación de sobrevivientes, hubiesen podido descender por aquella montaña. A medida que ascendían el aire se hacía más ligero y había más torbellinos.

El helicóptero se sacudía peligrosamente y comenzó a vibrar cada vez más fuerte. Cuando conquistaron la cima el altímetro marcó 4500 metros. En repetidas oportunidades el helicóptero fue rechazado por las corrientes de viento al intentar sobrepasar la montaña. Estuvieron a punto de estrellarse contra la ladera pero el piloto lo intento por una parte mas baja y lo logró. Una vez del otro lado, Parrado vio a través del valle un pico que reconoció, pero no divisaba al Fairchild.

Entre gritos comunico al piloto que descienda. Segundos después encontró el aparato en la nieve y alrededor a sus compañeros con los brazos abiertos hacia el cielo. Los dos helicópteros comenzaron a descender hasta que los restos del Fairchild se hicieron visibles. Aquella mañana los catorce sobrevivientes que habían quedado en el avión se habían enterado de su suerte a través de una radio a transistores que escuchaban todas los días. Después de oír las noticias gritaron a las montañas que estaban salvados y agradecieron a Dios por la merecedora noticia. La moral cambió de un momento a otro dentro del grupo.

Varios se prepararon para el rescate, cambiándose de ropa, peinándose y lavándose como fuera posible. Otros planearon lo que harían después de que los helicópteros llegasen. Nada pasó sino hasta después del mediodía. Cerca de la una vieron volar en el nordeste a los helicópteros. Los que se encontraban en el exterior comenzaron a hacer señas, a gritar y a llorar. Se abrazaban emocionados y agradecían al cielo por su salvación. Cuando uno de los helicópteros pasó por encima de sus cabezas, los sobrevivientes pudieron ver a Nando que se asomaba por uno de los lados.






También pudieron ver que desde el otro helicóptero estaban haciendo fotografías y filmando. Finalmente, después de un cuarto de hora uno de los helicópteros tocó la nieve.



Arrojaron un paquete por la puerta y a continuación bajaron dos hombres. El primero de ellos era un andinista y el segundo, un asistente sanitario. Los dos extraños fueron saludados compulsivamente por la mayoría de los sobrevivientes. Dos de los jóvenes caminaron hacia el helicóptero en el cual se encontraba Parrado y subieron.

Como García creyó que la máquina no soportaría mucho mas peso se elevó y dejó tiempo para que el piloto del otro helicóptero (Massa) haga la misma maniobra dejando a dos andinistas mas. Aquel día fueron rescatados Daniel Fernández, Alvaro Mangino (en el primer helicóptero); Carlos Páez, Pedro Algorta, Eduardo Strauch e Inciarte (en el segundo helicóptero). Dejaron abajo a los demás sobrevivientes a cargo de los tres andinistas y el ayudante sanitario y de allí partieron hacia Los Maitenes. Al bajar de los helicópteros en Los Maitenes todo era alegría. Los sobrevivientes se abrazaban unos a otros revolcándose por el pasto como si fueran chicos. Cuando pasó esta primera hora de entusiasmo los sobrevivientes se decidieron a comer todo lo que estuviese a su alcance.

Los examinó el equipo médico y se descubrió que todos sufrían de desnutrición y falta de vitaminas, pero ninguno se hallaba en estado crítico. En consecuencia los ocho supervivientes recuperados de la montaña podían esperar en los Maitenes mientras los helicópteros recogían a los demás. Pero aquella tarde se decidió que las condiciones atmosféricas no eran favorables para volver al lugar, por lo tanto el rescate de los demás sobrevivientes se realizaría al día siguiente y los que ya estaban rescatados serían trasladados al Hospital de San Fernando. Mientras tanto, en el lugar del accidente los sobrevivientes le fueron contando a los andinistas como habían vivido en tan reducido espacio.

Los visitantes examinaron a los ocho supervivientes, atendiendo primero a su salud y luego a sus estómagos hambrientos. Alrededor de las cuatro de la tarde se hizo evidente que los helicópteros no volverían aquel día. De repente la elevada moral de los sobrevivientes dio paso al triste pensamiento de pasar una noche más en el avión. Los andinistas al darse cuenta de esto hicieron todo lo posible para levantarle los ánimos al grupo. Cayó la noche y los sobrevivientes invitaron a los cuatro chilenos a quedarse en el avión, pero los visitantes se mostraron reacios y armaron una carpa a unos metros del avión.



LOS OCHO


Ultima noche de los sobrevivientes en el avión muchachos se sintieron ofendidos cuando rechazaron su hospitalidad y le dijeron a los chilenos que si al menos uno no pasaba la noche en el avión, a medianoche arrancarían las estacas de la carpa. Eligieron a uno de los andinistas ya que al día siguiente sería su cumpleaños. Aquella noche nadie durmió y se la pasaron hablando sobre la vida de los andinistas y la aventura que los sobrevivientes habían pasado.

A la mañana siguiente se desayunaron con té y galletas. Sobre las diez de la mañana aparecieron los tres helicópteros. Describieron círculos por encima de los restos del Fairchild por algunos minutos y por fin descendieron. Uno por uno los sobrevivientes fueron acercándose para subirse. Una vez que las tres máquinas se encontraron cargadas, los pilotos decidieron elevarse y emprender el viaje de vuelta hacia los Maitenes.



Sergio Catalán (El Arriero ) y Fernando Parrado



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